Sebastián's profileUna vida Al filoPhotosBlogListsMore Tools Help

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    September 27

    El precio de un rescate

    Os dejo un enlace del blog de Pedro Millán, que ha escrito sobre un tema polémico: el precio de los rescates. Por razones obvias y lo sucedido este verano os dejo el enlace. Creo que merece la pena tener alguna opinión sobre ello:

    http://www.eldia.es/blogs/malpais/?p=738
    Y respecto al ataque a la cumbre del Everest que habían comenzado Zabalza y cía, hoy me ha llamado un amigo para decirme que se habían tenido que bajar en un retroceso muy duro y arriesgado por las avalanchas. Espero que aun tengan tiempo de volver a intentarlo.

    Sebastián Álvaro

     
    Un hombre tranquilo
     "A veces las montañas nos hacen sentir toda su fuerza"
     Viaje al Tíbet: mayo 2009
     Viaje por Oriente Medio
     Viaje en moto por ChinaSite Meter
     Fotos de la expedición al Dhaulagiri
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    September 26

    El Horbein, el otro Everest.

    Everest North FaceMis amigos Juan Vallejo, Mikel Zabalza y Alberto Iñurrategui se encuentran en el Everest en este momento intentando el Horbein en estilo alpino. Es una escalada que ya intentamos hace dos años y no nos salió, aunque por poco. Esta primavera este mismo grupo, también atacó el pilar oeste del Makalu en estilo alpino pero no pudo siquiera realizar un ataque a la cima con alguna probabilidad de conseguir la cima debido al fuerte viento que suele azotar de forma inmisericorde.

    Es algo que ya nos había pasado en el año 2002 y en el 2005, las otras dos veces que habíamos intentado infructuosamente esta escalada que forma parte de una de las más bellas y duras escaladas del Himalaya. Podría pensarse que resulta frustrante intentar escaladas tan díficiles y con tan pocas posibilidades de éxito. Pero a mi me parece que es justo lo contrario. Y ese sigue siendo el verdadero espíritu de la aventura. Que puede resumirse de muy formas diferentes, pero que, en definitiva, la incertidumbre, ni el riesgo ni la dificultad, pueden encontrarse en rutas concurridas de personas caminando por la misma huella. Sino en los lugares solitarios que ponen a prueba nuestras habilidades técnicas, nuestra fortaleza y, sobre todo, nuestra resistencia mental.

    Es, justo eso, lo que hacen alpinistas de la talla de Alberto, Juan y Mikel, y otros muchos, en lugares diferentes, como hacían Álvaro y Óscar en los Latok. El éxito no es la cima, el éxito es el camino. O, como dijo el gran Alejandro, la victoria se mide por la importancia del enemigo. 
      
    Y, por cierto, otra buena noticia del valle de Hushé. Nuestros amigos de vuelo, que regresan en unos días a España, han logrado otro nuevo récord de altitud pues han vuelto a subir con el paramotor por encima de los 7.800 metros, es decir por encima del Masherbrum, aproximadamente, y Ramón Morillas ha logrado filmar la cima desde su paramotor, algo realmente extraordinario en el mundo del vuelo libre. Ayer además, en su último día de vuelo, lograron volar con su parapente en libre por encima de los 6.500 metros. Es una de esas expediciones de las que salen perfectas y no te proporcionan más que alegrías y placeres. Seguro que mis amigos querran compartir esas imagenes y las vereis enseguida.
    September 16

    Televeo.com

    Mientras os cuelgo las fotos del paramotor, os dejo un enlace que quizas os interese a todos los que visitais este blog. Pasaros, y apuntaroslo para visitarla de vez en cuando, esta tele de internet: www.televeo.com
    En la zona de canales tiene uno para los amantes de la aventura, los viajes y la naturaleza: Al FILO. Me han hecho una entrevista que han partido en dos trozos, hablando de lo que ha sido Al Filo estos 28 años. Creo que os interesará, a parte de inaugurar una nueva forma de ver la tele a la carta, siempre disponible y en el horario que mejor te venga.
    Salud y amistad 
     
    September 12

    Volando en el Nanga Parbat

    Acabo de llegar a Islamabad, de regreso del Nanga Parbat. Ha sido un viaje a toda carrera porque me comentaron los compañeros de El Larguero que si podría estar este lunes que viene en el estudio. Y así me he puesto en marcha: en un día hemos bajado del campo base a Chilás (algo que nos había costado cuatro a la subida), casi sin tiempo de descansar -apenas una cena rápida y cinco horas de sueño reparador para la tremenda paliza del bajadón- y 16 horas de coche hasta la capital de Pakistán, con susto incluido porque ya en la entrada de la ciudad se nos salió la rueda trasera de la furgoneta que nos traía a Portilla, Corrochano y un servidor.

    Se reían los pakis que venían con nosotros, incluido el conductor, algo que pone muy nervioso, por la lucky (suerte) que habíamos tenido, ya que si nos hubiera pasado en la Karakorum Highway, habríamos tenido la "Indus Experience", es decir que habríamos acabado en el abismo del Indo. A pesar de todo no conviene perder el sentido del humor y riéndonos todos entramos anoche en el hotel Envoy. Como seguimos en Ramadán, (es decir no se encuentra un sitio abierto ni para comer ni para beber nada) despues de un dia en ayuno Ramón y Álvaro se fueron a cenar a un restaurante chino cercano mientras yo contestaba lo más urgente. Momento que aprovecharon para jugármela una vez más. Cambiaron sus billetes sin decirme nada y se fueron en tres horas al aeropuerto así que ahora ya están camino de Madrid.

    Yo he hecho lo propio pero esta mañana después de arreglar cuentas con la buena gente de Hushé Treks and Tours, seguramente la agencia más fiable de Pakistán, junto con ATP, aunque yo, como es obvio, prefiera a los primeros. Así que con suerte mañana domingo estaré por la noche en casa. Durmiendo en una cama, la mía (la mejor del mundo), algo que cuando uno lleva durmiendo 30 años más noches en tienda que en cama siempre se echa de menos.

    Lo importante: la expedición al Nanga de vuelo ha sido fantástica bajo todos los puntos de vista: hemos obtenido un nuevo récord al lograr volar Ramón Morillas en paramotor hasta los 7.578 metros de altitud. (Cuando esté homologado internacionalmente el nuevo récord por la Federación Internacional Aeronáutica (FIA) os diré exactamente que altitud nos han validado pues es un proceso complejo que afecta a los aparatos que lleva Morillas encima y a la presión atmosférica y el informe del juez, aunque, en cualquier caso, es nuevo record del mundo por mucha diferencia, ya que el anterior también lo poseía Ramón pero en 6740 metros).

    También ha sido una expedición de la que las que echaba de menos. Los dos últimos años con los problemas en TVE y otras cuestiones, me amargaban algunas expediciones, sobre todo cuando tienes que tratar con algunas personas en los campos bases que tienen menos cerebro que un mosquito. Aquí hemos estado solos, pues la temporada como ya os comenté cuando el rescate de Óscar se ha terminado. La temperatura era muy baja durante los primeros días, a pesar de que tan sólo estábamos a 3.950 metros, en la conocida como la Pradera de las Hadas, y las nevadas fueron continuas. Luego el tiempo se arregló y hemos podido hacer unos vuelos magníficos.

    Todo el equipo ha estado muy bien, y esa es la clave (que tantas veces se olvida) para que una expedición (o cualquier otra tarea común) sea un éxito. Ramón Morillas es un tipo extraordinario para ser un número uno, y muy humilde y poco endiosado, algo poco frecuente en este negociado. Trabajar con él y compartir expedición es un lujo. Así, de la misma forma que le di la idea, y la oportunidad, de volar en el Nanga ya han salido nuevos proyectos para el año que viene. Al final se ha demostrado la percepción que tuve hace muchos años de que volar sobre el mayor escalón existente en la Tierra (sobre el nivel del mar) no sólo no era una utopia, sino un reto difícil pero alcanzable.

    Ahora se ha quedado el grupo en las otras vertientes de la montaña, la Rakiot y la Rupal, para seguir haciendo imágenes, antes de irse unos días a mi valle perdido de Hushé, el Shangri La del Karakorum, para que estudien la perspectiva de nuevos vuelos, que hagan más atractivo de cara al turismo sostenible, el valle de Hushé. Yo regreso al duro Madrid, a nuestra dura y querida tierra, donde tan bien se está... los primeros días.

    Puedo decir que comparto el sentimiento expresado por el admirable Julián Marías, cuando dijo (más o menos porque escribo de memoria de un texto leído hace tiempo): "A medida que viajo constato que me siento menos cosmopolita y más irremediablemente español. Cuando llego a casa de viaje me gusta todo lo que me ofrece mi país, la comida, la gente el paisaje, todo... hasta que abro la primera página del periódico". Pues eso, aguantaré unos días hasta empezar a leerlos, y mientras tanto seguiré con el alma colgada de las montañas y el recuerdo de las selectas almas de buenos compañeros con los que he compartido esta emocionante experiencia.

    PD: Y en cuanto pueda os cuelgo unas buenas fotos de lo que hemos hecho

    Salud y amistad

    Sebastián Álvaro

     
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    September 02

    Un hombre tranquilo

    Se mira la punta de sus dedos congelados, pero en realidad tiene la vista perdida en otro lugar. Quizás en una repisa lejana donde descansa su compañero Óscar Pérez. Habla con tranquilidad y lentitud, que no apaga algún gesto de rabia contenida que rebela un estado de ánimo desolador. En realidad su figura y su rostro delatan el calvario por el que ha transitado estos días, justo desde la tarde del 6 de agosto, cuando su compañero le pidió con urgencia que le asegurase porque la placa de nieve donde se encontraba se estaba desprendiendo…luego el vacío, la caída a cámara lenta y la certeza de saber que te estas matando. Allí comenzó esta pesadilla que aún no ha terminado, porque su cabeza y su mirada siguen allí, perdidas.

    “Vinimos a primeros de julio. Ya conocíamos la zona de los Latok porque en el año 2006 habíamos escalado el Latok III, y quedamos sorprendidos con las posibilidades de estas montañas. Por un lado están relativamente cerca del glaciar de Baltoro y los ochomiles, pero en realidad están a un mundo de distancia, son muy solitarias y su escalada es muy difícil además de exigir un gran compromiso”.

    Estamos despidiéndonos con cierta tristeza, a pesar de la vorágine dramática vivida en estos últimos días que ninguno de los que hemos participado en las labores de rescate de su compañero Óscar Pérez lograremos olvidar. Una carrera contra el reloj (contra la montaña, contra las dificultades burocráticas, contra un sin fin de problemas que nos aplastaron) que terminamos perdiendo. Porque esa es la dura realidad: nos dejamos la piel en el intento pero perdimos. Sin embargo estos avatares unen a los montañeros con sentimientos que muy pocas personas pueden llegar a entender; son aquellos que surgen en momentos en los que se comparte y se pone en juego la vida. Seguro que a ambos nos hubiera gustado conocernos de otra forma, compartiendo expediciones o alegrías a la bajada de alguna de ellas. Pero desgraciadamente no ha sido así. Aunque soy un visitante asiduo del Karakorum y en el año 2006 ellos dos estuvieron escalando el Latok III los azares del destino no propiciaron el encuentro. Ha tenido que ser ahora, con una tremenda desgracia e incertidumbre de por medio, cuando nos hemos conocido. Ahora, antes de separarnos, hacemos recuento de penalidades con la serenidad de viejos amigos que, derrengados en el campo de batalla, comparten derrota.

    Si tuviera que definir solo un rasgo que definiera la personalidad de Álvaro elegiria decir que es un hombre tranquilo. En realidad parece mucho más maduro que lo que revelan sus casi 30 años. Quizás es que en momentos así se madura mucho más rápido.
    ¿Porqué elegisteis el Latok II?

    “En realidad veníamos al uno. Hicimos un intento al Latok I por la ruta de los hermanos Huber, que a pesar de sus muchos intentos nadie ha logrado superar. Esa era nuestra idea inicial. Pero este año había mucha nieve y aunque desde abajo parece una arista perfecta en realidad estaba en muy malas condiciones y su escalada era muy comprometida y delicada. Nos peleamos con la nieve en unas condiciones deleznables, para poner los seguros de las reuniones teníamos que picar hasta encontrar algo de hielo en malas condiciones. Al final, después de pasar una noche, nos dimos por vencidos y nos bajamos”.

    ¿Fue entonces cuando empezasteis a pensar en el Latok II?

    “Si, porque está a su lado y lo vimos muy bien desde el mismo campo base. Así que salimos el día 2 de agosto y comenzamos a escalar un muro muy difícil de nieve, y algo de roca en la parte superior, de unos 1200 metros de desnivel que nos llevó todo el día. Al final logramos alcanzar el collado situado a unos 5800 metros de altitud, el mismo al que luego le hemos dedicado tanto trabajo por la cara sur…”

    Luego se queda callado un momento, quizás recordando la dura escalada que tuvo que llevar a cabo con Jordi Tosas, en el último día del intento de rescate. Después de un esfuerzo extenuante, en el que ya apenas le quedaba a él un gramo de grasa en el cuerpo y Jordi estaba sin aclimatar, es decir tirando ambos con la cabeza más que de los músculos, lograron fijar 700 metros de cuerda que nos dejaba al pie del comienzo de las mayores dificultades de la ruta. Un esfuerzo que no sirvió de nada porque al día siguiente entró el temible mal tiempo del Karakorum y hubo que suspender toda la operación. Esa noche los termómetros en Skardú descendieron quince grados. Además ya habían pasado once días desde la fecha del accidente y no había ninguna posibilidad de llegar a la repisa donde se encuentra Óscar antes de otros cinco días. Fue un mazazo, pero la realidad se imponía a nuestros deseos.

    “…el día 3 continuamos escalando. Llevábamos lo imprescindible para ir más rápidos. Acometimos primero una pala de nieve y llegamos a unos 6.100 metros de altitud, digo aproximadamente porque no llevábamos altímetro. Nos quedamos al pie del tramo más complicado y técnico de toda la ruta” “Dormimos allí y al día siguiente nos dimos cuatro largos de cuerda por un terreno muy difícil, pero por fin alcanzamos los 6400 o 6500 metros, en plena arista y entonces lo vimos muy bien. Creíamos que ya teníamos fácil alcanzar la cumbre en una jornada y dejamos la tienda con todo el material que llevábamos para ir sin peso a la cima y regresar, pero…”

    Pero, como me dijo el otro Ramón Portilla juzgando la escalada hasta el collado, “aquí no se regala nada, cualquier cosa nos va a costar un montón de esfuerzo, incluso subir al collado y allí comienza toda la movida”

    “…no fue así. Hubo un tramo de gendarmes de roca en la parte superior de la arista muy delicado, en el que metimos mucho tiempo. Comenzaron a pasar las horas, había mucha nieve y las dificultades eran considerables. Para remate ya estábamos muy altos y empezamos a pasar frío en las manos…”

    Y lo dice mientras se toca las puntas de los dedos en los que no tiene sensibilidad. Algunas puntas las tiene ya negras, no es nada importante pero, a pesar de las recomendaciones de nuestro médico el doctor Ricardo Arregui de la MAZ, volvió a subir al collado para intentar salvar a su amigo. “Te jugarás las manos, pero es tu decisión y entiendo que quieras subir allí”

    ¿A cuanto os quedasteis de la cima?

    “A nada, nos quedamos a unos 7.000 metros. Paramos de escalar a eso de la una y media o dos de la madrugada. Menos mal que nos habíamos subido un infiernillo, y nos pusimos a hacer una sopa. Pero fue una tortura, porque el cabrón del cacharro se apagaba a cada instante y funcionaba muy mal. A pesar de todo logramos hacernos unos dos litros de sopa que nos vino muy bien. Lógicamente no logramos dormir. Yo no pasé mucho frío pero Óscar se quejó más de las manos. Estuvimos dando masajes en los dedos y moviéndoles para mitigar un poco el frío, pero, a pesar de todo, de la altitud y los días que llevábamos en la pared, fue una noche tranquila. Apenas hablamos.”
    “¿Y al día siguiente…”
    “La mañana fue mucho peor. Pasamos mucho frío al amanecer. Esperábamos que nos diera el sol pero aparecieron unos velos de nubes y nos lo tapó. Fue una putada, pero nos pusimos en marcha enseguida. Nos quedaban dos largos de cuerda difíciles (unos cien metros) y luego quince metros andando. Y eso fue todo. La cumbre no sería más amplia que esta mesa (y señala la mesa en la que estamos conversando que mide un metro por dos de larga). Y no estuvimos mucho tiempo: dos fotos y hacia abajo…
    (Unas fotos que no se llegarán a ver porque la cámara era de Óscar, la de Álvaro funcionaba mal y le estaba dando problemas, y se ha quedado en la repisa donde descansa su compañero) Sabíamos que no se había terminado la historia.  De todas las formas estábamos cansados, como es lógico, pero bien. Nos lo tomamos con calma porque sabíamos que teníamos todo el día por delante para llegar al vivac de los 6.400 metros. Allí habíamos dejado la tienda pequeña con algo de comida, material, los sacos, un poco de gas y poco más… pero no llegamos porque tuvimos la caída…”

    ¿A que hora sería?

    “No recuerdo bien pero como a las dos de la tarde”.

    ¿Porque elegisteis otra ruta en ese tramo precisamente?

    “Decidimos no meternos por la arista y hacer un flanqueo para salvar la zona de gendarmes, porque tenía tramos muy delicados y no molaba nada pasar por allí. Vimos clara la travesía y nos metimos a hacerla”.

    ¿Cómo fue el accidente?

    “Oscar bajaba delante y de pronto me dijo: asegura que esta nieve está mal. Iba a asegurar cuando noté el tirón y nos fuimos hacía abajo. Nos caímos por la pared, Óscar cayó unos cincuenta metros y yo diez. La cuerda se clavó en una pequeña arista de nieve, pero dentro de la misma pared, y nos detuvimos”
    (Comprendo la sorpresa al detenerse, porque ya me ha relatado algún otro amigo (Iñaki Ochoa de Olza, Juanjo San Sebastián, Ramon Portilla…) en situaciones similares, y ver como ambos estaban retenidos por una pequeña arista de nieve donde se había clavado la cuerda que les unía. Por debajo de sus pies un vacío aterrador de más de mil metros).

    ¿Que hiciste?

    “Yo estaba colgando y cada vez que me movía nos íbamos los dos. Después de mucho pelear conseguí colocar un clavo de hielo pero en un sitio muy guarro y poco fiable, así que en realidad seguíamos colgando en el vacío. Poco a poco pude ir acercándome a una zona de roca y entonces logre asegurarnos bien. Aseguré a Óscar, corté el trozo de cuerda y me di cuenta que no podía recuperarle así que rapelé y bajé hasta donde estaba. Se había roto la pierna y la mano y no podía moverse ni desplazarse. Pensamos en todas las posibilidades pero apenas teníamos alguna, así que lo único que pude hacer es bajarle hasta una repisa que tenía nieve pero estaba bien y un poco más abajo.”

    “Así que le dejé allí y subí hasta la tienda a por lo poco que teníamos. Me costó mucho y además en esa escalada volví a pasar frío en las manos” (lo que no se atreve a confesar, pero lo hemos comentado todos los del grupo de rescate, es cuanto se jugó allí la vida, en medio de un terreno tan delicado y peligroso como en el que habían tenido el accidente). Llegué casi de noche a la tienda. La habíamos dejado tirada para que no se la llevara el viento y no tuve cojones de ponerla de pies. Sólo pude levantar un palo y allí me metí un rato. Esa fue la noche más perra que había pasado hasta entonces, y ya tenía las manos congeladas…”

    ¿Cómo te encontraste a Óscar al día siguiente?

    “Comencé a bajar muy temprano. Le vi mejor que el día anterior y eso me alegró bastante. Ya era el día 7 y estuvimos mirando las posibilidades y sólo veíamos claro que tenía que ir a pedir ayuda… quizás pecamos de ingenuos al pensar que con los helicópteros la conseguiríamos muy rápido. Pero era la única opción. Le dejé todo lo que teníamos: dos sacos de dormir, una funda de vivac, dos cartuchos y medio de gas y algo de comida…

    ¿Pensaste en ese momento en el accidente de los británicos en el Ogro?

    Cuando Doug Scott tuvo su accidente en el Ogro (una montaña muy cercana al Latok en la que el célebre alpinista británico se partió las dos piernas y logro salvarse en una dramática retirada, llegando a rastras al campo base), en el grupo iban cuatro y lograron descolgarle. Yo estaba sólo y además apenas teníamos cuerdas después de la caída. Así que le dije “voy a por ayuda y vuelvo a por ti”. Y me puse en marcha. Serían las dos de la tarde.

    Llegaría al collado de los 5.800 metros ya de noche. No podía seguir descendiendo y pasé allí unas cuatro horas, hasta que comenzó a clarear. Luego ese descenso hasta el campo base fue el peor. Apenas llevaba material y tuve que ir rapelando buscándome la vida o de algunos avalakof (agujeros en el hielo en los que se pasa un cordino desde el que se descuelga; en general son seguros muy precarios dada la naturaleza frágil del hielo). Ya salieron a buscarme el cocinero y el guía del campo base, pues estaban intranquilos. Como no había podido bajar por la misma ruta de subida llegué abajo a la peor zona de la rimaya. (grieta formada por el cambio de pendiente de la pared con el glaciar). Afortunadamente, y a gritos, los de abajo me orientaron y pude hacer una travesía hasta llegar a un lugar donde pude por fin llegar al glaciar. Allí acabó el descenso. El resto lo sabes tu porque desde entonces estuve hablando contigo… 
     
    Me levanto y le doy un abrazo. Se perfectamente por lo que está pasando. Le digo que vuelva al Karakorun en otra ocasión, también le digo que no tiene nada que reprocharse, todo las decisiones que ha tomado fueron las correctas y tampoco pudo hacer más de lo que hizo. En realidad lo milagroso es que él regresara con vida. Pero eso es posiblemente lo que le resulta más inaguantable. Todavía no ha terminado de preguntarse porqué fue él elegido para salir vivo de la ratonera en la que se convirtió esa montaña a la que llegaron casi por casualidad. Se que le resultará difícil seguir viviendo con aquellos recuerdos, pero un tipo capaz de haber sobrevivido a una historia como la que ha vivido es capaz de todo.
    Sebastián Álvaro

     
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