Sebastián's profileUna vida Al filoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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June 24 Mi profesorEmociones irrepetibles, incertidumbre a raudales y, en ocasiones, demasiadas y grandes experiencias, en una palabra todo lo que debe exigirse a un gran viaje. Pero, a pesar de todo ello, lo más positivo y gratificante de todo el viaje fue compartirlo con unos amigos con los que se puede ir al fin del mundo. Y aunque no sea exactamente una sorpresa para los que le conocemos, todos los que convivimos con él durante un mes, venimos fascinados de la personalidad desbordante de Eduardo Martínez de Pisón.
Dejenme que comparta con ustedes unas reflexiones que no podría escribir más que en un sitio como este. Eduardo tiene 70 años y está a punto de jubilarse como catedrático de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid. Pero tiene la vitalidad de un chaval de 25 y la sabiduria humanista de esos sabios de la Ilustración que tanto admira. Y, además, es valiente. En eso pensaba cuando le hice montarse en mi moto BMW gs 1200 para cruzar el desierto de Taklamakán. ¿Cuantos jóvenes hubieran aceptado sin titubear como él? Es un hombre prudente y sosegado con una capacidad de análisis que sorprende y que se explica con la claridad y sencillez de los mejores. Es algo sólo al alcance de los que más saben. A pesar de ello es ponderado, humilde... y la mejor persona que conozco.
Y dejenme que presuma de conocer a muy buenas personas. Si vivieramos en un país menos atolondrado que el nuestro, y menos sectario, Martínez de Pisón ya estaría en las Academias más prestigiosas y en las organizaciones gubernamentales más prestigiosas e independientes (es decir de las que no existen en España). En el Reino Unido ya habría sido nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico y estaría en el Consejo Real de la BBC, pero aquí seguimos siendo diferentes.
En eso pensaba, reflexionando sobre el premio Príncipe de Asturias que han concedido el otro día a Al Gore. La verdad es que hace tiempo que este premio se ha convertido en autopremios, es decir cayendo en el peor oportunismo, intentando que la supuesta popularidad del premiado revierta en los que lo premian. Ocurrió con Fernando Alonso, con la selección nacional de baloncesto y una larga lista más. Se me ocurren, a bote pronto, más de diez candidatos mejores que Al Gore, nacionales y extranjeros, destacados por su defensa del medio ambiente. Sin duda su documental ha tenido una gran influencia en la capacidad de despertar conciencias sobre la gravedad del cambio climático. Pero no está de más recordar ahora que determinados argumentos de su documental son, al menos, discutibles o poco sutiles y que en su época como vicepresidente de EEUU pudo hacer todo lo que ahora propugna y apenas hizo nada.
Todo lo contrario de Eduardo Martínez de Pisón, que ha dedicado toda su vida a hacer cosas concretas por los mejores paisajes que todavía guardamos. Abanderado de causas imposibles (como la lucha por salvar el valle de Espelunciecha que los bárbaros ya han sacrificado), desde Gredos, símbolo desde entonces y en pleno franquismo, cuando mojarse en estos temas era jugarse mucho. Eduardo sigue hoy con el mismo impulso de aquel joven que recorría las montañas pirenaicas e hizo de la naturaleza su gabinete de estudio. Sus alumnos saben bien a que me refiero. Es un faro que ilumina las conciencias y que nos guía a muchos en medio de tanta tiniebla y mediocridad vacua. Hay muy pocas personas en el mundo que me merezcan el respeto y admiración de Eduardo. Mi profesor.
June 18 Ecos de una LigaDe vuelta en Islamabad y a punto de subir al avión, cada vez estamos más cerca de España. O, al menos, eso parece cada vez que suena el teléfono. Hemos vivido un final de Liga de lo más emocionante y a un aficionado al fútbol como yo en un momento así los nervios le acompañan allá donde va. Al menos aquí la comunicación es fácil y saber quién ha sido el campeón ha resultado algo inmediato. En otras ocasiones me ha tocado esperar al amanecer en un campo base para conocer el ganador de una Champions o de algún Campeonato del Mundo. Mañana veremos a la diosa Cibeles vestida de gala.
Conviene recordarlo cuando estamos más perdidos y cabreados. De momento mis amigos ya han comenzado el camino hacia el Broad Peak, y mientras escribo estas líneas ellos estarán al pie del Nanga Parbat, recordando nuestra ascensión de hace dos años. Para ellos la aventura ha comenzado.
Pero despegar del aeropuerto y ver desde el avión la ciudad pone cada cosa en su sitio. Las calles que hacía unas horas estaban llenas de vida se encuentran en medio del desierto del Gobi. No hay nada a su alrededor, salvo el color ocre de la arena del desierto. Cientos de kilómetros de viento, rocas, guijarros y, por lo que parece, lluvia.
En unas horas estaremos en España y pondremos punto y final a esta aventura en moto por la Karakorum Highway que nos ha llevado a recorrer 5.000 kilómetros por una de las rutas más impresionantes del mundo entre dos países con una historia legendaria y una cultura singular como son Pakistán y China. Y el final será el lugar desde el que partimos porque, como en la montaña, lo importante no es conseguir la cumbre, sino hacerlo y regresar a salvo a casa.
June 15 Las grutas de Mogao"Larga es la noche para el que yace despierto;
larga es la milla para el que va cansado;
larga es la vida para el necio que no conoce la verdadera ley". Buda
Ya Marco Polo relató en sus viajes lo mucho que le impresionó conocer este lugar. El mercader veneciano hablaba de unos templos budistas asentados cerca de Dunhuang, cuyas construcciones estaban excavadas en la ladera de una montaña. La primera gruta se abrió en torno al siglo IV para hacer ofrendas a Buda y, un siglo después, las grutas empezaron a atraer a este remoto oasis a una importante comunidad monástica. Después, esto se convirtió en el mayor asentamiento budistas de esta zona. Los monjes fueron decorando los espacios rupestres con pinturas religiosas que abarcan gran variedad de temas, no sólo escenas de la vida de Buda, sino también pueden verse muchas representaciones de la vida cotidiana y hasta asaltos de grupos armados a mercaderes. Realmente tuvo que ser duro para los caravaneros que atravesaban el desierto, por donde nosotros hemos pasado, sobrevivir a condiciones tan inmisericordes. Pero el desierto tampoco fue clemente con las maravillas artísticas que aquí se guardaban y terminó por engullirlo y convertirlo en un lugar olvidado. Y como en muchas ocasiones, la casualidad hizo que un taoísta, Wang Yuanlu, lo diera a conocer al mundo. Aventureros, exploradores y geógrafos europeos como el británico Sir Aurel Stein (1862-1943), el alemán Albert von Le Coq (1860-1930) o el francés Paul Pelliot (1879-1945) se acercaron hasta aquí y se llevaron al Viejo Continente en forma de manuscritos, documentos, frescos y reliquias parte del patrimonio de la Ruta de la Seda. Ahora pueden visitarse sólo unas pocas de las más de 700 grutas que se han descubierto. Y, además de las pinturas, hay importantes colecciones de estatuas y hasta un gran Buda yacente. Lástima que no nos dejaran sacar la cámara ni tomar imágenes que compartir con vosotros en los documentales. June 14 La Puerta de Jade de 'El Faro Encendido'“¿Piensas que el universo está agitado?
Ve al desierto por la noche y contempla las estrellas. Esta práctica deberá dar respuesta a la pregunta. La persona superior dispone su mente como el universo dispone las estrellas en el cielo.
Conectando su mente con el origen sutil, la calma.
Una vez calmada, ésta se expande de manera natural y, al final, su mente se vuelve tan vasta inconmensurable como el cielo nocturno”. Lao Tsé Accidentes, pinchazos, tormentas de arena… gallos, ríos, cortes de carretera… frío, calor, más frío, mucho más calor… desiertos, valles escarpados, montañas, pueblos legendarios… La Ruta de la Seda tiene esto y mucho más en este tramo entre Pakistán y la muralla China, y no deja de asombrarte por su belleza, misterio y fascinación. Los últimos kilómetros del recorrido hemos tenido que hacerlos con algo de calma, pero hemos llegado a Dunhuang incluso con la rueda hecha un ocho, más mérito si cabe para su piloto. Ha sido quizá el tramo más bonito de todo el viaje, por lo bello y complicado. Entrar en la ciudad de Dunhuang ha sido para nosotros como la llegada para las muchas caravanas que, tras cruzar la Puerta de Jade, contaban con la protección de un Gran Imperio. Este fortificado puesto fronterizo era como una prolongación de la Muralla de China. Desde sus muros hasta la ciudad, una fila de torres de vigilancia cuidaba de mercaderes y viajeros. Los 6.400 kilómetros del cuerpo ondulante del dragón servían de cobijo a las guarniciones militares encargadas de detener a los intrusos. La comunicación visual entre las atalayas, que podía dar cabida a entre 30 y 50 soldados, permitía llevar un mensaje de un extremo a otro de la muralla en tan sólo un día. Si aún ahora la muralla es un símbolo de grandeza y un prodigio de lo que la inventiva humana es capaz de crear, ¿qué no representarían estos muros (en la zona del Gobi construidos con una mezcla de tierra, arena y guijarros) para los que se adentraban en el Imperio chino en los primeros siglos de nuestra era? Los que tenían que partir de Dunhuang o debían abandonar su tierra, como el poeta del siglo IV a.C. Lao Tsé, venían a El Faro Encendido (como se llamaba a esta localidad) a lamentarse de su mala suerte. Por delante les quedaba un arduo camino. Tenían que cruzar desiertos o las estepas de Asia central y, si llegaban, atravesar las montañas más altas de la Tierra. Lao Tsé, cansado del deterioro social que se respiraba en China decidió marcharse al oeste. Su lamento está inscrito para la posteridad, y para el deleite de los que hasta aquí llegamos, en la Puerta de Jade. Mucho se ha transformado el mundo desde aquellos tiempos en los que un viaje, como los que hacía Marco Polo o las caravanas de camellos bactrianos, era sobre todo una aventura. Pero este camino sigue siendo un interminable intercambio de mercancías, cultura y conocimiento. La Ruta de la Seda se termina aquí para nosotros. Y nuestra satisfacción por alcanzar la meta, se une al lamento de Lao Tsé por dejar esta tierra. Pero la aventura sigue en este blog. Sebastián Álvaro
June 13 Más allá de las 'Montañas Llameantes'“Amo el desierto. Amo la infinita extensión de los temblorosos espejismos, el viento,
los picos escarpados, las cadenas de dunas como rígidas olas de mar.
Y amo la simple, la ruda vida de un campamento primitivo en el frío gélido,
a la luz de las estrellas en la noche, y en las calurosas tormentas de arena”, Ladislaus E. Almásy.
La belleza del minarete es un reflejo de la cultura centroasiática alejada de los circuitos convencionales y de una zona cargada de historia, variada en pueblos y riquísima en paisajes.
Pero una de las cosas que más sorprende de Turfán es el agua. En medio del desierto del Gobi y agobiados por el calor, el agua corre por cualquier rincón. Desde hace 2.000 años existe un sistema de canalización de aguas subterráneas (karez), que llegan a la ciudad desde el macizo de Bogda Shau (‘las montañas de Dios’). Se recogen del deshielo en algibes y, para evitar que se evapore, discurre por el desierto en canales. Otra de las curiosidades de este pueblo es la costumbre, que se hereda de generación en generación, de cultivar frutos secos y algunos tipos de fruta. Presumen de tener más de 12 variantes distintas de uvas pasas. Al retraso provocado por la salida, hay que sumar el de un pequeño accidente, que nos ha retrasado más de cuatro horas. La rueda delantera de la moto de Joan sufrió una de las piedras del camino y destrozó una llanta. Hemos pasado horas intentando hacer un apaño nos ha permitiera llegar a Hami. Lo conseguimos, pero a la una de la mañana y con la rueda descuadrada. Los 432 kilómetros que hemos recorrido en esta etapa han sido de los más duros, ya que más de 100 de ellos los hemos hecho con un viento lateral de 80 km/h. Duro y emocionante. La posición en la moto, el cruce con los camiones… El viento comenzó al cruzar las ‘Montañas Llameantes’, de un precioso color rojizo, y al abandonar la depresión de Turfán. En torno al color de estas montañas existe una leyenda, según la cual una joven uigur mató a un malvado dragón cuya sangre es la que tiñe de rojo estos montes. Mientras tomábamos las imágenes, previas a la subida, la temperatura alcanzaba los 50ºC. Pero al llegar a los 1.300 metros de altitud, comenzó a pegar el viento y en unos pocos kilómetros, pasamos a 25ºC, con viento del norte. La sensación era de frío sobre la moto. Al menos una buena noticia nos llega al final del día del otro lado del Karakorum. Dos de los integrantes del equipo que va a intentar el Broad Peak, Esther Sabadell y Valentín Giró han hecho una cumbre de 6.050 metros como aclimatación, el Manglik Sar, en el valle del Shimshal (Pakistán). En unos días se unirán al resto del equipo. June 12 Calor y rectas sin fin“Tuve la suerte de encontrar el desierto, ese filtro, ese revelador.
Me ha moldeado, me ha enseñado la existencia. Es hermoso, no miente, es limpio.
Por eso debe abordarse con respeto”. Peregrino del desierto, Théodore Monod.
Hemos atravesado el desierto por una carretera que tiene una recta trazada sobre él de kilómetros y kilómetros interminables. Un prodigio de la ingeniería de esos que sólo pueden hacer los chinos. Para mantener la carretera y que no la engullan las arenas del desierto han plantado una fila de arbustos que se mantienen por un sistema de goteo. Como no hay muchos sitios donde entretener la vista circulando por un sitio así, pude entretenerme un rato en contar y hacer cálculos. Me salían unos 6.000 kilómetros de tubo instalado sólo para que funcione el goteo. Para regar los arbustos utilizan las aguas subterráneas que llegan al desierto desde las montañas del Karakorum y, para que todo funcione, cada cuatro kilómetros hay una caseta en la que vive una pareja de chinos que se encarga de controlar una parte de la carretera. Es su hogar durante dos años y en ese tiempo no se relacionan con nadie, ni siquiera con los que viven en las casetas de al lado y cada mes les llevan provisiones de agua y alimentos. Los madrugones en estas etapas han tenido su recompensa. El desierto nos ha deparado amaneceres preciosos. Uno de ellos, sin tormentas de arena que molestaran, resultó espectacular. Después, cuando el sol calienta sobre nuestras cabezas llegamos a los 35 o 40ºC que nos hacen pensar el horno que puede ser esto en verano. El profe abandonó su ‘confortable’ plaza en el coche durante unos 100 kilómetros y me acompañó en la moto, para disfrutar y sentir el desierto de otra manera. Poco antes de llegar a Turfán, otro enclave importante de la Ruta de la Seda, nos encontramos con una sorpresa. Las autoridades chinas no permiten la circulación de motos por las autopistas. Afortunadamente, nos dejaron pasar y alcanzar la segunda depresión más profunda de las tierras emergidas. 155 metros por debajo del nivel del mar y muy por encima de los 40ºC, a este sitio, el más caluroso de China, lo llaman ‘La tierra de fuego’ por el calor y ‘El depósito de los vientos’ por las tormentas de arena. Un contrapunto espectacular al collado del Kunjerab, que con 4.730 metros ha sido el paso más alto por el que hemos cruzado. Sebastián Álvaro
June 10 La sencilla sabiduría del desierto--El desierto es bello --añadió el principito.
Era verdad; siempre me ha gustado el desierto. Puede uno sentarse en una duna, nada se ve, nada se oye y sin embargo, algo resplandece en el silencio... --Lo que más embellece al desierto --dijo el principito-- es el pozo que oculta en algún sitio... El principito, de Antoine de Saint-Exupéry
Estamos en los últimos pueblos que nos servirán de entrada al desierto del Taklamakan. Una etapa algo más corta para guardar fuerzas para la que nos llevará a adentrarnos en el desierto y que, además, tendremos que hacer cargados de combustible, ya que no tendremos donde abastecernos ni suficiente autonomía para hacer la etapa.
Mis compañeros de viaje están disfrutando con estos inmensos paisajes, ahora de arenas sin fin. Afortunadamente yo ya conocía este espacio tan lleno de historia y belleza como vacío de vida. Estamos realizando la travesía en paralelo (120 kilómetros a la derecha) al lugar por el que hicimos una de las aventuras de Al Filo, al atravesar el “Desierto de la muerte” como lo hacían las antiguas rutas de camellos.
Estamos entrando en un mundo en el que el abandono de la vida natural hace sumergir el imperio de los minerales. La vida y la existencia tienen aquí otros valores, brindándonos la belleza de lo esencial. Estamos en un mundo austero pero maravilloso de color, de luz y de emoción. En algunos tramos, circulamos al lado de pequeños ríos, que rodeados de tierra por todos los lados, sin una sola planta a la que alimentar, nos dan una lección de la lucha entre la arena y el agua, entre la vida y la muerte. Aquí el desierto avanza implacable en una batalla que lleva ganando los últimos miles de años. Los más de trescientos mil kilómetros cuadrados del Taklamakán no siempre fueron un desierto. Hace siglos florecieron ciudades por aquí ciudades que mantenían un fluido comercio con los imperios de alrededor. Caravanas de camellos transportaron mercancías e ideas entre unos lugares y otros. Pero el desierto se las fue engullendo y ya los mercaderes de la Ruta de la Seda evitaban adentrarse en este temible paraje, cuyo nombre significa “Si entras no saldrás”.
Ante la vista de la inmensidad de las arenas que nos rodea y descansando frente al ordenador tras cada etapa, cada vez estoy más contento de haber diseñado este recorrido. Pese a esfuerzos y dificultades, pienso que este es el mejor viaje con el que un motero puede soñar. Y lo estamos haciendo. June 09 Entre seda y jade"Aquí se encuentra un gran número de ciudades y poblados, pero la más grande y la mejor es la propias Cascar. Los habitantes viven del comercio y la artesanía (. . .) Desde esta tierra salen muchos mercaderes para realizar viajes de comercio por todo el mundo”. El libro de las maravillas.
La primera parada antes de llegar a nuestra puerta de entrada al desierto es la ciudad de Hotan, al sur del Taklamakan. Las tallas de jade y el proceso de elaboración del hilo que da nombre a la Ruta de la Seda siguen haciendo entrañable este lugar. Las alfrombras y los productos derivados de la seda continúan aquí haciéndose a mano, como se confeccionaban en el Siglo XIII. Las mujeres hierven los capullos del algodón en grandes marmitas que colocan en una especie de horno de cemento que se encuentra excavado en el suelo. En grandes ruecas de madera, hilan el producto, lo tiñen, y por último lo tejen en telares en los que necesitan manos y pies para su funcionamiento.
Pero Hotán ha estado sin duda en las guías de viaje de los empresarios que trabajan las piedras preciosas durante muchos siglos. Por aquí hicieron negocios los hermanos Polo, ya que las gemas resultaban más fáciles de transportar y de esconder de los bandidos. Y, aunque los yacimientos ya andan excasos, continúan dando fama a la ciudad. En Hotán se encuentra el río del Dragón de Jade que, como dice el propio Marco, sus orillas están salpicadas de raro jade blanco, el más valorado en China. Tanto era así, que el sello de los emperadores feudales solía ser de las gemas extraídas en esta localidad. Su coloración blanca y la apariencia tan húmeda contribuyen a aumentar su valor.
Pero en esta etapa lo que más nos ha costado es superar el calor. Cada 100 kilómetros se imponía una parada, ya que el esfuerzo encima de la moto te lleva a la deshidratación. Además, hemos tenido un par de sustos, debidos a cruces de gente o animales al pasar cerca de poblaciones. Afortunadamente, sin las terribles consecuencias que hiceron abandonar a Gustavo.
Parar más a menudo te permite ver con más claridad el mundo en el que nos estamos adentrando. A lo largo del recorrido vamos viendo dos vidas paralelas, algo que se repite en las regiones desérticas pertenecientes actualmente a China, tanto desde el punto de vista económico como social. Por un lado se encuentran los agricultores de los oasis y los pastores, que continúan viviendo y trabajando al estilo tradicional. Y por otro lado están los habitantes, sobre todo chinos, de las nuevas ciudades en rápido crecimiento, como le ocurre a Hotan. La explotación minera o petrolífera de algunos de estos lugares está llevando a la construcción rápida de carreteras e infraestructuras en la zona que contrastan con la forma de vida sencilla de muchos de sus habitantes. Sebastián Álvaro
June 07 Khasgar, un gran bazar entre las montañas y el desiertoLa subida hasta el collado del Kunjerab fue tan costosa como esperábamos, pero más duro fue atravesar las aduanas. Chinos y pakistaníes nos tuvieron un par de horas parados antes de autorizarnos tanto la salida de un país como la entrada al otro, y eso que en la parte china ya viajábamos con el comisario político que nos han asignado. Después nos recibieron las autoridades locales, ya que el viaje forma parte de la misión oficial del año de España en China.
En la bajada nos sorprendió una carretera nueva e impecable. Un solo carril, pero con la vía muy arreglada que nos hizo disfrutar y poder relajarnos, aunque lo justo, hasta llegar a Taxkorgan. Otro inconveniente para nosotros tras abandonar Pakistán ha sido regirnos por el horario chino. Todo el país sigue la hora de Pekín, por lo que en unos kilómetros hemos variado nuestro relojes tres horas. La última etapa nos ha llevado a recorrer 2.000 kilómetros desde Taxkorgan hasta Khasgar. Corta para lo que nos espera, ya que en los próximos días las jornadas serán más largas para atravesar el desierto. Pero ya vamos estando entrenados. Algunos días dormimos por agotamiento, ya que los lugares no siempre son de lo más agradable para conciliar el sueño. Y para la comida casi nunca no hay tiempo de parar. Suerte que el coche de apoyo suele ir cargado de galletas o chocolatinas que nos proporcionan el suficiente sustento durante el recorrido para poder llegar a la noche. También es difícil algunos días acertar con la climatología. Hemos atravesado el collado de Muztagh Ata, a 4.000 metros de altitud, y luego hemos parado a filmar en el lago Karakuli, que El libro de las maravillas describía así: “Y cuando hayas llegado a esta altura encontrarás un vasto lago entre dos montañas, y fuera de él un río claro que corre a través de una llanura cubierta por los mejores pastos del mundo…”. Estos cambios de terreno y altura suelen ir acompañados por cambios de temperatura y hoy hemos pasado de la nieve a la lluvia y del frío a un calor sofocante. Son las ventajas y las desventajas de viajar en moto que no pudo disfrutar Marco Polo en su camino hacia la tierra de Kublai Kan. Pero seguro que a Marco Polo no se le rompía la moto, aunque muchos de sus caballos y camellos se quedarían por el camino. Una de las piezas de la transmisión de una de ellas nos ha obligado a parar en una población cercana a nuestro destino, donde buscamos una forma de remolcarla hasta Kashgar. Aquí hemos podido repararla para poder seguir la ruta. Kashgar es una ciudad oasis en la que nada parece haber cambiado desde la época medieval. Su mercado era, en el siglo XIII, el más grande del mundo y, hoy día, sigue siendo el mayor de Asia central. En Kashgar se encuentra de todo. Cada domingo, miles de personas llegan a la ciudad desde el campo para vender sus mercancías y comprar suministros. Sólo faltan las antiguas caravanas, que tardaban unos 40 días en descender los escarpados senderos desde las montañas hasta alcanzar el llano donde surge esta ciudad. A los agotados viajeros les emocionaba encontrarse con jardines, sembrados, árboles frutales, viñas… Pero sólo era un alto más en el camino antes de entrar en el desierto del Taklamakan. Un vacío tan extenso que atravesarlo por la parte más ancha les habría llevado casi un año. La ruta de las caravanas reducía esta travesía a poco más de un mes y a nosotros apenas nos llevará unos días. Sebastián Álvaro June 05 El valle de Hunza, un paraíso perdido"Presagio un tiempo en el que el hombre, exultante en la técnica del homicidio, montará con tanta cólera contra el mundo, que todas las cosas preciosas estarán en peligro, cada libro y pintura, todos los tesoros acumulados durante dos milenios ...", padre Perrault, en Horizontes Perdidos, de James Hilton.
Dicen que este lugar es el que inspiró a James Hilton para crear su Shangri-La, un edénico lugar, el inaccesible oasis de sabiduría y paz, donde vivían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo.
Llegar hasta Karimabad nos ha llevado 10 horas en moto. Una larga etapa de más de 300 kilómetros por el gran cañón del Indo, remontando los ríos Gilgit y Hunza. Los glaciares de Batura, Pasu e Hispar, enormes ríos de hielo de tono azulado, van abriéndose paso entre las montañas hasta alcanzar casi la carretera. Son los guardianes del florido valle de Hunza.
La naturaleza ha rodeado a este valle de vigilantes de más de 7.000 metros. Rakaposhi, Ultar, Batura, Diran, Disteghil, están dispuestas como almenas en un castillo para vigilar desde lo alto el devenir de este fértil valle, atravesado por el río Hunza. Pero si contrasta a la vista, también hace sobrecogerse a otros sentidos, sobre todo al recordar los desolados pasos de montaña, el perfume de la brisa, la fragancia de las flores.
Los comerciantes tibetanos que pasaban por el valle consideraran a este lugar como un paraíso. Situado a 2.400 metros sobre el nivel del mar, sus aguas, recibidas por canales naturales, son muy ricas en minerales. Esta agua, junto a una dieta rica y el clima, relativamente benigno, conforman el secreto de la longevidad de la que tanto presumen los hunzakis.
Los hunzakis son gentes de tez pálida y de ojos azules o verdes, con rasgos mediterráneos. De hecho, las historias más antiguas sostienen que los habitantes del valle de Hunza son descendientes de algunos soldados de Alejandro Magno que dejaron por aquí su huella genética. Tártaros, rusos, persas y cachemires, pueblan este valle, cruce de culturas y razas propio de una ciudad importante de la ruta de la seda.
También hemos vivido un momento emocionante cuando Eduardo Martínez de Pisón se ha parado a los pies del Diran Peak, donde, en 1979, tres compañeros suyos murieron después de hacer cumbre.
La siguiente etapa nos llevará a cruzar el collado del Kunjerab, tras el cual la ruta de la seda abandonará Pakistán para proseguir su camino a través del Xinjiang chino, uniendo Islamabad con Kashgar, en la puerta del desierto del Taklamakan. El acuerdo fronterizo al que llegaron los dos países en 1964, permitió la construcción de la Karakorum Highway y la reanudación del tráfico comercial por este ramal de la ruta de la seda. Sebastián Álvaro
June 04 De visita en HushéDos días en Skardú nos han servido para descansar y para poder visitar en Valle de Hushé. Estamos ya en el Baltistán, una región también llamada ‘El pequeño Tíbet’, una tierra árida e inhabitable cuya capital es la ciudad en la que nos encontramos. Paseando entre sus bazares no cuesta darse cuenta de los rasgos de la gente que los regenta. Una mezcla de tibetanos, mongoles y descendientes de las áreas del norte que hablan un arcaico tibetano, enriquecido con árabe y persa. Aunque para comunicarnos en esta aldea global, ellos y nosotros chapurreamos lo que podemos de inglés.
La aldea de Hushé, escondida a 3.150 metros de altitud, se encuentra en el valle del mismo nombre, cerrado por el norte por el Masherbrum (7.821 metros). Esta zona es clave para poder acceder al glaciar de Baltoro y este pueblo el último resquicio de civilización antes de entrar en el mundo de las montañas. Sus habitantes viven rodeados por la mayor concentración de paisajes de alta montaña que se puede encontrar sobre la Tierra. Es el país del leopardo de las nieves, un mundo exclusivamente mineral y glaciar en el que dominan el frío, los precipicios, los aludes, las riadas.... Y cumbres, cientos de cumbres que sobrepasan los seis mil metros de altitud. Pero el talante siempre alegre de estos hombres y sus extraordinarias cualidades físicas les convierten en los mejores compañeros para compartir las maravillas del Karakorum. Son fuertes y dispuestos pero, lo más importante es que aman las montañas y poseen una infatigable capacidad de trabajo en alturas muy elevadas. Empeñados en vivir donde el Planeta apenas da oportunidades al hombre adaptan la orografía (las montañas están salpicadas de pequeños escalones) para plantar cultivos y canalizar el agua que aprovisione la aldea.
En Hushé nos han recibido, como siempre, con cánticos y danzas. Porque a los baltíes les encanta cantar y detener el mundo con su música. La vida toma su ritmo y nosotros entramos en él. Apenas hemos podido estar algo más de una hora en el calor de nuestros amigos. Pero cada minuto en el pueblo oxigena como años de vida. Lástima la tardanza de la ruta y tener que seguir otra vez el camino porque nos habría gustado pasar unos días con ellos. El camino hasta aquí ha resultado casi impracticable para nuestras motos. Estrecho, escurridizo… hemos dado con nuestros huesos en el suelo en más de una ocasión, afortunadamente sin consecuencias. Muchas horas de ruta para unos minutos de tranquilidad junto a Karim y los suyos. Ha merecido la pena. Sebastián Álvaro
June 01 Un puente en el caminoLa construcción de la carretera del Karakorum fue fruto de un acuerdo entre los gobiernos chino y pakistaní en su intento de unir comercialmente dos países que, desde los tiempos de la legendaria Ruta de la Seda, mantenían intercambios comerciales superando los problemas de comunicación que las altas montañas y los profundos valles dificultaban. Se inauguró en 1979 y cada kilómetro construido es un reto a la naturaleza. Tanto que cuando se encontraba en construcción, un asesor suizo que acudió a la obra dijo: “el mejor consejo que yo puedo darles es que no hagan aquí ninguna carretera”. Afortunadamente, no le hicieron caso y la Karakorum Highway se terminó pese al esfuerzo brutal que supuso en de hombres y máquinas.
Además, hemos vivido un día tenso y peligroso. Por el valle de Astore, precioso en esta época, la carretera se mete en un cañón, con un patio considerable. Algunos recorridos de la vía están asfaltados, pero no todos y eso, unido a la caída brutal hacia el valle por uno de los lados de la carretera, hace vivir momentos complicados.
Las altura de las facturas que hienden en este lugar la corteza terrestre explican nuestro miedo al tomar muchas de las curvas, sobre todo cuando una de las motos tiene dificultades en los frenos (seguimos echando de menos a Gustavo, que pronto estará en Madrid para que le operen su clavícula dañada). Abajo, el río encajonado y estrecho, resuena más allá del motor de nuestras monturas, con miles de litros de agua por segundo corriendo por su cauce y formando feroces corrientes, remolinos de agua que arrastran con furia a su paso todo lo que caiga en sus garras, como el puente que nos ha impedido el paso.
Pero también hemos tenido la suerte de atravesar el pueblo de Talechi, donde se encuentra el único lugar de la carretera en el que pueden verse el Rakaposhi (7.790) y el Nanga Parbat (8.126). Este enclave tiene, además, las mejores vistas de un gran número de las nevadas cumbres del Karakorum.
Al final del día terminamos en Jaglot. Estamos muy cerca de donde se unen las corrientes de agua que recogen toda la que viene del Karakorum y el Himalaya, la confluencia de los ríos Gilgit e Indo. Viendo lugares así, no es de extrañar que todas estas antiguas rutas a través de estas inmensas montañas estén plagadas de petroglifos, lugares donde los viajeros dejaban su huella en las rocas. Los nombres, dibujos u oraciones esculpidos son testimonios de personas que, miles de años antes que nosotros, convirtieron estos angostos pasos en la legendaria Ruta de la Seda. Sebastián Álvaro |
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