Sebastián's profileUna vida Al filoPhotosBlogListsMore Tools Help

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    December 30

    A dos amigos

    Os deseo lo mejor para este 2008, tan lleno de incertidumbre y, por tanto, con tanto atractivo para ser vivido.
Pase lo que pase, os quieroHoy, cuando estamos a un día del año nuevo, me gustaría dar un empujón a dos amigos que no se encuentran en su mejor momento. Quizás me acuerdo de ellos porque tal día que hoy, ya hace cuatro años, murió mi madre. Y sin embargo sigo recordando su imagen, trasteando por la cocina que hace pocos días la destrucción barrió en nombre del progreso, su voz, sus regañinas, porque llegaba tarde del trabajo, sus comidas incomparables...

    La inmortalidad, o lo más parecido que conozco sin parecerme un cuento para niños, consiste en que la gente que te quiere, o la que quieres, te recuerde. Somos animales finitos, vulnerables, humanos, mortales. No es casualidad que los griegos, tuvieran un sólo vocablo y ser humano fuera sinónimo de mortal. Así que las únicas certezas, como leí hace poco a un conservador norteamericano, es que moriremos y que pagamos impuestos.

    Como de Hacienda no podemos escapar, ni apenas convivir, paguemos nuestros impuestos y aprendamos a convivir con la muerte, con el desamor, con todo aquello que nos produce dolor intenso. Como escribió mi amigo Juanjo San Sebastián en su libro Cita con la Cumbre (editorial Desnivel, y que os recomiendo vivamente), "Todo aquello que nos produce placer también nos puede hacer sufrir". Seguro que Panchito y Santos me entienden.

    Ver sufrir a personas que queremos nos produce más angustia que si nos estuviera ocurriendo a nosotros. Lo único que podemos hacer es hacer frente a la enfermedad, al sufrimiento, plantar cara al desamor y luchar. Luchar por recuperar la salud, o al menos por vivir mientras la vida merezca ese nombre. Cuando te parezcan que todos los boleros han sido escritos para ti, lucha por recuperar el amor de tu chico/a, (aunque probablemente no se lo merezca), no es por el/ella, sino por ti, por seguir sintiendo, por seguir sintiéndonos vivos. Hasta el dolor nos hace recordar que seguimos vivos. Y mientras estamos vivos hay esperanza, o, como le oí en una entrevista al escritor Enrique Vila Matas, al final, al límite del límite, del límite... nos queda el sentido del humor.
    A Panchito y Santos un fuerte abrazo. Seguiremos juntos en la pelea, como lo hace una cordada mientras asciende una gran montaña. Pensando que el camino es duro y sacrificado, pero que al final nuestro esfuerzo merece la pena.
    A todos: Saludos Al Filo de lo Imposible 
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    Sebastián Álvaro
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    December 28

    Feliz año con Conrad

    El mar se convirtió en el nuevo territorio del joven ConradEste diciembre que se acaba se conmemora el 150º aniversario del nacimiento de un congénere de esos que nos ayudan a confiar un poco más en nuestra propia especie. Su nombre: Józef Teodor Konrad Korzeniowski aunque él prefirió llamarse Joseph Conrad, una decisión que ni de lejos fue la más radical de una existencia apasionada y apasionante. Me gustaría felicitaros estas fiestas y mandaros los mejores deseos para el 2008 que ya tenemos tan cerca. Por supuesto, espero, llenos de viajes, sueños, proyectos, lo más parecido "Al Filo de lo Imposible", como hizo Conrad.

    A los 12 años ya era huérfano de padre y madre y había conocido el exilio merced a las actividades de su padre Apollo, un noble polaco de ideas progresistas y firme defensor de la independencia de su país frente al imperio ruso. A los diecisiete, y a pesar de que sólo había visto el mar una vez, decidió hacerse marino. El mar se convirtió en el nuevo territorio del joven Conrad, donde la aventura era el fin y los medios poco importaban. Lo mismo navegaba hacia el Caribe que contrabandeaba armas para los carlistas españoles (él, un hijo de un revolucionario izquierdista ayudando a la carcundia hispana, que todavía sigue coleando en el País Vasco) o para los conservadores colombianos.

    Aunque, en apariencia, el dinero no parecía importarle mucho. Huía de sus bolsillos con inusitada rapidez y en cantidad muy superior a sus ingresos. Poco después el joven Conrad intentaría suicidarse de un tiro tras una serie de no muy brillantes inversiones, entre las que se incluyó la visita al casino de Montecarlo, en un intento desesperado por rehacer su maltrecha economía. Falló, para alegría de todos ldos que le hemos leído en estos 150 años, y regresó al mar.

    "Si he de ser marinero, seré marinero inglés" escribiría más tarde. En 1878 comenzó una nueva vida para Conrad, en la descubriría los secretos del mar y de la lengua inglesa, los dos territorios que iban a conformar las otras vidas de Joseph Conrad. A los 32 años empezó a escribir una novela en la lengua en la que se había iniciado tan sólo once años antes. A los 37, dejó de forma definitiva el mar para dedicarse de lleno a la literatura.

    El corazón de las tinieblas, de Joseph ConradEn los años que siguieron fue considerado traidor a su patria y a su lengua, genio vivo de las letras inglesas y también fenómeno de feria. Cuando murió, a los sesenta y seis años, en su vida (en sus vidas) se contaban además de múltiples singladuras y aventuras, más de veinte libros y la aureola de haber cambiado para siempre el arte de la novela. Sólo una de ellas El Corazón de las tinieblas, valdría para redimir toda una vida y es el prototipo de la novela de aventuras, de viajes y uno de los clásicos de la literatura de todos los tiempos. Y es que, como ha escrito Juan Gabriel Vásquez, Conrad fue experto en "asumir el riesgo más violento para un ser humano: el cambio de vida, el desprendimiento de su pasado".

    En estos días es posible que a muchos de vosotros no os sonría la vida. Ya se sabe que la felicidad sólo es un instante fugaz al que podemos aspirar, pero nunca detener ni, mucho menos, guardarla con nosotros. Quizás el desamor, el trabajo, la salud, o la vida en general, no os sean propicios. Pero no dejaros vencer, luchar por lo que querais, sea una montaña, una chica (o un chico) un viaje, un ochomil o un puesto de trabajo. Arriésguense, y luchen por aquello que desean. Para este 2008 que comienza es el mejor deseo que me gustaría regalaros. Tenemos mucho que aprender de Conrad. Pueden estar seguros de que regalar un libro de Conrad es un verdadero acierto.
    Sebastián Álvaro
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    December 22

    Jordania

    "Señor, vuestro libro está en lo cierto. El desierto es un oceáno donde jamás se hunde el remo. Y en ese océano los beduinos han vivido y luchado desde siempre. Y es ahí donde deben luchar ahora". Peter O´Toole en Lawrence de Arabia.

    Wadi RumHe cambiado la Isla Bonita por uno de esos lugares de leyenda, un país con siglos de historia a sus espaldas y por el que han desfilado muchas y muy distintas civilizaciones, dejando un legado impresionante. Jordania es uno de esos sitios que te viene a la cabeza cuando oyes hablar de Lawrence de Arabia o de beduinos paseando a camello por un desierto. Pero si el cine ha popularizado una parte de esta tierra, lo cierto es que este lugar tiene historia, arqueología, paisajes y gentes tan atractivos que no necesitan los paseos de Indiana Jones o Tintín para hacerlos populares.

    Canaán, la tierra de Abraham, la ciudad amurallada de Jericó, el puerto de Aqaba, Ammán, la capital… la mítica Petra… o Alejandro Magno, o Moisés, a quién según el Deuteronomio, Yaveh dijo en su camino a la Tierra Prometida: “Vas a acercarte a los hijos de Ammon, pero sin pasar sus confines. No los ataques y no les hagas la guerra, porque yo no he de darte en posesión nada de la tierra de los hijos de Ammon”. O Lawrence de Arabia, cautivado por el desierto de Wadi Rum, donde el silencio, la inmensidad hecha arena, los cielos indescriptibles y las raíces de los pobladores de Jordania están presentes.

    Recorrer estos lugares será otra forma de pasar estas fechas que algunos consideran entrañables y a las que otros no encuentran mucho sentido. Os lo iré contando.
    Sebastián Álvaro
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    December 14

    La isla bonita

    Con Pisón en la Caldera de TaburienteMe encuentro en las Islas Canarias donde he venido, con mi buen amigo Eduardo Martínez de Pisón, a presentar el Libro de los Hielos y a dar dos conferencias en Tenerife y en La Palma. La verdad es que perderse en estas islas después de una expedición tan dura como la de la Patagonia, siempre merece la pena. Me gusta especialmente esta isla, La Palma, la isla bonita, porque está hecha a medida de los caminantes, con un paisaje apacible y abrupto y donde es visible el dinamismo de nuestro planeta, la fuerza de los volcanes como creadores y destructores de paisajes. Os recomiendo especialmente la caminata de la Ruta de los Volcanes que serpentea por la cresteria que como una espina dorsal recorre más de la mitad de la isla. Desde el sendero se obtiene una magnífica panorámica de la caldera de Taburiente, de los volcanes y de las islas cercanas con el Teide siempre presente. No me extraña que esta figura imponente surgiendo del mar fuera tenida por la montaña más alta del mundo hasta el siglo XVIII, y por personajes de la talla del padre Feijoo.
    Así que gozando de las caminatas y de las conversaciones de Pisón me recupero de aquella bajada del Ladrillero y añoro las nuevas aventuras. Pero todo vendrá, como siempre, a su justo tiempo.
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    Sebastián Álvaro
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    December 01

    Nostalgia de los Hielos

    Los bellos bosques que cruzamos durante la expediciónAcabo de llegar de Tierra de Fuego, aún se me está cayendo la piel quemada por el viento helado, aún recuerdo, con desagrado, el sufrimiento exigido, pero ya los echo de menos. Shackleton habló de “la nostalgia de los hielos”, para explicar porque regresaba una y otra vez a la Antártida. Quizás yo también sufra ese virus de melancolía. O quizás sea que las Navidades y las elecciones están muy cerca. No conquistemos más territorios, dejémonos conquistar por ellos y hagamos todo lo posible porque sigan existiendo.

    Daría igual que me refiera a Groenlandia o a la Antártida, a Alaska, al Hielo Patagónico o el colmillo de hielo que culmina el cerro Ladrillero que acabamos de ascender hace unos días. Podría hablarles del circo oculto de los Gasherbrum, la cúpula del Mont Blanc o, en fin, del peldaño casi cimero que, a contrapelo, aún sostiene y guarda el pequeño glaciar de Monte Perdido donde me bauticé como alpinista.

    Todos son mis queridos y venerados paisajes del hielo. Los últimos territorios sin profanar, donde aún resiste la grandeza de la Tierra y también su memoria, pues en su interior han quedado atrapados vestigios de lo que fue este planeta hace cientos de miles de años. Esos escenarios del frío y las tormentas son baluartes de la gran naturaleza, capaces de helarte hasta el alma con su viento gélido, como el que nos tuvo contra las cuerdas hace escasas semanas en el cerro San Valentín, en la Patagonia chilena. Pero también son delicados reinos de cristal que estamos perdiendo: el último de los grandes bienes naturales que estamos perdiendo, quizás por nuestra codicia e incompetencia para gestionar nuestra convivencia en este planeta. Tienen en común el estar amenazados por un cambio climático del que cada vez son menos los que dudan que, al menos en parte, es por  nuestra irresponsabilidad.
    Los bellos bosques que cruzamos durante la expedición
    No es fácil describir ese escalofrío de entusiasmo que se siente cuando pones por primera vez el pie sobre un terreno glaciar o notas cómo todo tu cuerpo se pone en tensión mientras las puntas delanteras de los crampones apenas son capaces de morder una pared de cristal. Y pocos momentos de placer pleno te depara la vida como un amanecer avanzando por una llanura helada disfrutando de la sencillez del sol restallando sobre las infinitas aristas de hielo. Y es que te estás adentrando en esos territorios en los que es posible vivir lo que el explorador Nansen definió como “la gran aventura del hielo, profundo, puro como el infinito”.

    Sus rasgos son la belleza del mundo, el silencio del mundo, la soledad del mundo. Es difícil no sentirse conmovido ante su presencia. Son ellos mismos, no las máquinas, no el tumulto, no el ruido, no la suciedad, no la urbanización ni la fealdad. Admirar los Hielos de la Tierra es admirar la Tierra sin hombres, sin carreteras, sin funcionarios, sin bancos, sin nuestras prisas. Sentir la emoción de pisar el terreno no hollado, el cristal regalado por tormentas milenarias a quien no le importan los humanos para brillar, para derretirse, aunque, tarde o temprano, volverán a cubrir buena parte de la tierra que habitamos.

    Dejémosles así y respiremos hondo, que sea nuestro el aire del Polo porque lo tragamos garganta adentro y seamos así algo de ese lugar. Que su viento nos haga vivir. Y, mientras volvemos otra vez, suframos la aglomeración, la globalización y la insipidez de estas fiestas lo mejor que podamos. Yo os dejo estas fotografías de los bosques patagónicos, de los mares tormentosos del Mundo del fin del Mundo, para ayudaros a viajar con la imaginación.
    Sebastián Álvaro
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